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Valdivia, Agosto de 2010

Consorcio Lechero y Colún realizaron charla en Río Bueno

Competitividad y mano de obra fueron protagonistas

Capacitación de mejor nivel, in situ e invertir en recursos humanos son parte de las conclusiones presentadas en una reunión con productores lecheros en Río Bueno. Se trata de la información entregada por una investigación desarrollada por la Universidad Austral de Chile.

Mejorar competencias duras y desarrollar procesos de motivación también serán parte los temas en que se deberá avanzar.

Una asistencia cercana a las 60 personas llegó hasta el salón de reuniones de Colún en Río Bueno, en una actividad realizada en conjunto con el Consorcio Lechero para dar a conocer parte de los resultados de un proyecto denominado “Productividad del recurso humano en lecherías chilenas. Características, análisis de la situación y recomendaciones”.

El jefe del Departamento Agrícola de Colún, Dieter Uslar, explicó que está muy comprometido y convencido de la labor del Consorcio Lechero, del cual es director. “Es una posibilidad de entregar información técnica. Son 3 años de historia y hoy es el momento de compartirla con los usuarios, que son los productores, tanto con los proyectos que están en operaciones como con los que vendrán”.

La actividad desarrollada en Río Bueno analizó con los productores un estudio de competitividad y mano de obra. “Este es uno de los temas fundamentales en la lechería, que hoy tiene 3 costos fundamentales: concentrado (alimentación), mano de obra y fertilizantes, que sobrepasan el 60% de los costos totales. La mano de obra es un punto importantísimo para lograr eficiencia y competitividad y creemos que hay harto por hacer todavía, sobre todo al compararnos con otros países”.

El mejoramiento de la competitividad en mano de obra, sostiene Uslar, podrá lograrse a través de la capacitación, del aprender haciendo y trabajando en la educación básica y técnica.

“Hoy hay un problema de la baja productividad de la mano de obra. Es un tema de eficiencia, que tiene que ver con lo que se demora en hacer las cosas y no se trata de flojera, si no en cómo hacerlo mejor. Las universidades, creo, se han saltado el rol de apoyar al trabajador y mando medio, que de una u otra forma cojean”. Cada vez la tecnología es de mayor valor y más compleja por lo que se requiere personal capacitado y competente para operarlo.

Mostró su confianza en el rol del Consorcio Lechero en la orientación ante este tipo de desafíos. “Si no se supera esta brecha en el tema de la mano de obra, perdemos competitividad. Si se pierde competitividad, la gente se va a salir del negocio. Nosotros operamos bajo las normas del mercado y si no somos capaces de producir leche lo más barata posible en la forma más eficiente posible, las plantas no podrán obtener materia prima a costo razonable y la producción tendrá un costo más alto. No podrán venderla bien”.

La leche más barata es sinónimo de personal mejor calificado. “Una persona bien calificada es capaz de hacer más cosas y, en el mismo período de tiempo, más producción, leche o carne”.

El académico de la Universidad Austral de Chile, Ricardo Vidal, explicó que el tema del personal en las lecherías no ha sido considerado con el mismo nivel de importancia que otros factores. Recordó una frase del académico Tipples de la Universidad de Lincoln (Nueva Zelanda): “Sabemos más sobre las vacas que sobre el personal que labora en la lecherías”

Hay que conocer más del recurso humano como factor de productividad y, en la medida que esto no ocurra, no se podrá elevar este parámetro. Por eso, al alero del Consorcio Lechero se desarrolló un trabajo por los investigadores Roberto Dunner (Todoagro) y Ricardo Vidal, el que encuestó a 196 lecherías y a 66 trabajadores entre 2008 y 2010.

Se trata de lecherías con un promedio de 130 hectáreas, las que oscilan entre 100 mil y 9,5 millones de litros al año; con rebaños desde 25 vacas a 1207 vacas; y, con producciones de leche de entre 2500 a 10.500 litros por vaca al año. En promedio, con 8,3 trabajadores permanentes, con muy poca presencia de trabajadores temporales.

Vidal relató algunos de los parámetros que presentó este trabajo, como que por ejemplo, no existen metas establecidas y compartidas con los trabajadores de estas lecherías y que sólo un 54% dice conocerlas. Además, el 39% de los trabajadores señaló analizar los trabajos con el administrador y que sólo el 15% es evaluado anualmente.

En aspectos como la motivación, la encuesta reflejó que el 60% de los trabajadores se siente motivado; el 100% comprometido con su trabajo; el 65% es competente a muy competente y que el 30% es de baja competencia.

En la investigación, el 76% de los trabajadores pide más capacitación en sanidad animal, ordeña y calidad de leche, mientras que los empleadores enfatizan aspectos como calidad de leche, praderas y reproducción. Según Vidal, falta una sincronía entre lo que se entrega y lo que se requiere, tema en que se deberá avanzar.

La producción se analizó en litros por operario, en que se llegó a un promedio de 177 mil litros por operario. Bajo este mismo estándar, se comparó a los trabajadores con las cifras de Nueva Zelanda, en que el promedio en Chile es de 11700 kilos de sólidos lácteos por persona en Chile, mientras que en Nueva Zelanda son de alrededor de 45000 kilos de sólidos lácteos por persona.

Igualmente, en el parámetro “vaca masa/operario”, en Chile son alrededor de 32,8 vacas por operario, mientras que en Nueva Zelanda son 131 vacas por operario. En el costo de la mano de obra, en Chile asciende a un 11% del sistema, mientras que en Nueva Zelanda es de un 19%.

El investigador dijo que hay una amplia dispersión de la eficiencia al analizar las curvas, en que hay productores que han logrado muy buenos rendimientos en aspectos de recurso humano.

Para Ricardo Vidal, esta investigación y sus indicadores demuestran temas preocupantes. “Las lecherías y las personas que trabajan en lechería tienen bastante qué mejorar. Por lo visto, algunas personas están obteniendo niveles de producción bastante competitivos, incluso con lo que se refiere a Nueva Zelanda”. Sin embargo, advierte Vidal, falta avanzar en algunos problemas estructurales. La baja escolaridad de los trabajadores es un problema estructural y eso determina que la capacitación de las personas vaya por métodos fácilmente utilizables. “Si bien hay un nivel de educación bajo, por el desempeño de estas personas en los diferentes campos, su nivel de inteligencia y capacidad no tiene nada que ver con su escolaridad”.

Dentro de Chile, reconoce, hay productores que están trabajando muy bien. Es ahí donde hay que reconocer cómo lo están haciendo y qué factores son los que los diferencian. Finalmente, una de las soluciones citadas por Vidal para mejorar los estándares está en la capacitación pertinente y que sea de acuerdo a lo que requieren los predios lecheros.

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