Leche con agua: la importancia del riego de las praderas

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Enero de 2011

Leche con agua: la importancia del riego de las praderas

La especialización de los sistemas lecheros demanda nuevos desafíos. Si hace 20 años era impensable pensar en el riego de praderas en Valdivia u Osorno, cada vez son más los productores que establecen sistemas que les permitan ser más eficientes en el uso de praderas artificiales de alta calidad y, a la vez, ser menos dependientes de las condiciones climáticas.

En ese plano, el Consorcio Lechero está desarrollando iniciativas junto a su equipo de investigadores para conocer mejor el uso de esta herramienta productiva y, a la vez, buscar los modelos donde el riego pueda expresar su óptima respuesta agronómica y económica.

Es en ese contexto donde se enmarca la investigación que impulsa un equipo de estudio liderado por el doctor Juan Nissen.

El riego en praderas es una herramienta sobre la cual las variables en juego son muchas y que se requiere tomarlas en cuenta para hacerlo correctamente.

Por eso, para tomar la decisión de regar praderas, explica el investigador de la Universidad Austral de Chile, lo primero es definir el tipo de equipo de riego por aspersión más conveniente, el tipo de energía a usar, la fuente de agua más apropiada, las magnitudes de superficie convenientes de regar, la frecuencia de riego y la tasa o monto de agua a aplicar en cada riego.

Con el uso creciente de praderas artificiales, es importante resolver si es que existe relación entre la frecuencia de riego, tasa de riego y frecuencia de corte de la pradera.

Nissen explica que se buscó obtener información para el sur de Chile mediante 3 estudios, apoyados por el Consorcio Lechero y desarrollados por la UACh en el marco de un proyecto de investigación.

En el primer caso, se evaluó el efecto del riego, frecuencia de corte y fertilización nitrogenada en una pradera sembrada en La Unión.

Al establecer la pradera, se fertilizó con 250 kg/ha de superfosfato triple, 50 kg/ha de muriato de potasio y 50 kg/ha de sulpomag, todo lo cual fue incorporado en la siembra. Y a la emergencia, con 2 hojas se aplicó 200 kg/ha de urea.

Por otra parte, el estudio contempló variar las dosis de nitrógeno, para lo cual se completó dosis de 150 y 250 kg de N/ha en las parcelas respectivas y aplicadas en 3 parcialidades (noviembre, diciembre y enero).

La experiencia se realizó sobre suelo correspondiente a la serie Cudico, profundo, de textura franco arcillosa a arcillosa, bien estructurado y de lomajes suaves. En la siembra se utilizó ballica Tama y Belinda.

Para sus fines, el estudio incluyó tratamientos en secano (201 mm de precipitaciones) y con riego (531 mm de agua); 2 frecuencias de corte (corte frecuente cada 15 días y corte menos frecuente cada 45 días); y, finalmente, 2 Niveles de fertilización nitrogenada (150 unidades N/ha y 250 unidades N/ha).

Los resultados indican que, en orden de importancia, el tipo de corte tuvo el mayor impacto sobre la producción; le siguen el factor riego y por último el aumento logrado por el factor nitrógeno. En este primer estudio también se evaluó la producción que tuvo la pradera antes de su inicio. Esta fue de 1.276 kg MS/ha, la que sumada al rendimiento del mejor tratamiento (12.735 kg MS/ha) totalizan aproximadamente 14 toneladas MS/ha.

El segundo análisis se realizó en Melefquén, Panguipulli, sobre un suelo correspondiente a la serie Lanco, ligeramente profundo, de textura franco limosa. Y se utilizó una pradera artificial de ballica Nui.

Como tratamientos se utilizó 3 situaciones hídricas: Sin Riego (que sólo recibió 230mm de lluvia); Riego Poco Frecuente (que recibió en total 550mm); y Riego Frecuente (que totalizó 630mm, incluyendo las precipitaciones).

Además, se usaron 2 Frecuencias de Corte de la pradera: Corte Frecuente (cada 15 días) y Corte Menos Frecuente (cada 45 días). Los riegos frecuente y poco frecuente consistieron en la aplicación de tasas de riego de 40mm frecuentemente y de 80mm en lapsos de tiempo más distanciados, respectivamente.

Según señala el autor del estudio, el nivel de fertilización de la pradera es otro factor asociado al riego. Una fertilización insuficiente no le permite manifestar el potencial de rendimiento a la pradera.

Así, al estudio se le aplicaron 200 kg N/ha en forma de urea (parcializado), 300 kg P205/ha en forma de superfosfato triple, 150 kg K20/ha en forma de muriato de potasio y 4000 kg CaC03/ha en forma de magnecal.

Mayores Producciones

Nissen señala que las mayores producciones se obtuvieron aplicando alturas de agua totales de 550-630 mm, (que incluyen las precipitaciones), en combinación con cortes poco frecuentes de la pradera (periodo de rezago 45 días), alcanzando hasta 18 toneladas de MS/ha.

“Si se usan cortes más frecuentes (rezago de 15 días), se reduce significativamente la producción”, afirma.

En relación al corte, el tratamiento con corte cada 15 días mostró la menor producción de materia seca en el tratamiento sin riego.

Lo anterior se debe al hecho de que bajo estas condiciones los centros de crecimiento de la pradera se vieron más afectados por el estrés hídrico.

Al regar el tratamiento con cortes frecuentes, la producción mejora significativamente. En la práctica, esto significa que, al usar pastoreos con este tipo de frecuencia, se hace más necesario el uso de riego.

Asimismo, al disminuir la frecuencia de corte, aumenta la producción de materia seca por hectárea en todos los tratamientos, con o sin riego.

Al mismo tiempo, es posible observar que el tratamiento sin riego y con corte menos frecuente (SR-CMF) presenta un nivel de rendimiento aceptable, indicando que bajo esta condición de corte soportó en mejor forma la menor oferta de agua. “En la práctica significa que, al no regar la pradera es preferible usar periodos de rezago más largos, sobre todo si la oferta de agua por parte de las precipitaciones es escasa”, advierte.

A partir de los resultados de los dos estudios anteriores, el experto concluye que si no se usa el riego se debiera privilegiar manejos que contemplen cortes menos frecuentes, es decir con rezagos más largos.

En tanto, cortes más frecuentes (con rezagos cortos) necesitarían ir combinados con riego, para no sufrir reducciones importantes en la producción.

Por otra parte, un mayor aporte de nitrógeno mejora el rendimiento, pero es más efectivo bajo condiciones de secano.

Lo anterior se debe a que, bajo condiciones de riego, el nitrógeno puede sufrir arrastre y pérdidas por drenaje. “Pese a que se obtuvo diferencias estadísticamente significativas, tanto por efecto del riego como por corte, la decisión final de qué combinación de corte y riego a utilizar debe ser sometida a un análisis económico, determinando la utilidad marginal para cada caso en particular”, afirma Nissen.

Técnico-económica

En el marco de este proyecto se incluyó un módulo en el cual se hizo un estudio técnico-económico en que se evaluó la influencia de 3 fuentes de energía (electricidad, diesel y caída de agua); 2 fuentes de abastecimiento de agua para el riego (agua superficial y de pozo profundo); 4 diferentes sistemas de riego por aspersión (acople rápido tradicional, carrete automático, pivote central y el sistema K-Line (de origen neozelandés); 2 superficies de riego (10 y 25 ha); y, el beneficio de un cero y cincuenta por ciento de bonificación de la Ley de Riego (Nº 18.450).

Todas estas variables citadas dieron pie a 60 proyectos, que fueron comparados técnica y económicamente entre sí.

El estudio demostró que la situación económica más favorable, es decir, aquella con los menores costos de inversión, los menores costos anuales y el mayor ingreso marginal se obtiene técnicamente al usar en forma simultánea el sistema de riego neozelandés; usando como fuente energética una caída de agua (energía gravitacional) proveniente de una fuente de agua superficial; regando una superficie de pradera de 25 hectáreas o mayor; y, finalmente, optando al beneficio de un 50% de la Ley Nº18.450.

En general, plantea el investigador, los proyectos sin bonificación de esta Ley no son un negocio rentable.

En el contexto anterior y en un escenario económico variable, se calcularon ingresos marginales que llegaron hasta los 173.000 $ha-1.

Mientras tanto, el escenario con mayores pérdidas económicas correspondió a los sistemas que usan aguas subterráneas (pozos profundos), aún cuando estos usen la bonificación estatal.

“Estos proyectos, bajo las actuales condiciones técnico-económicas, producen ingresos marginales negativos de gran magnitud y debieran ser excluidos como alternativa para regar praderas en el sur de Chile”, concluye Nissen.

Fuente: www.camposureno.cl

 

 

 

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